En la Vila de Gràcia hay muchos pisos.
Pero pocos que no te obliguen a justificar la compra a los seis meses.
Porque aquí el problema casi nunca es el barrio.
Es lo que aceptas pasar por alto cuando compras.
Este piso no compite por ser “el más bonito”.
Compite por algo más difícil:
Una distribución lógica, sin metros perdidos ni apaños
Un estado que permite entrar sin abrir el melón de la reforma
No es un piso para imaginar lo que podría ser.
Es un piso para vivirlo tal como está, desde el primer día.
Mira las fotos.
Si te encajan, el siguiente paso es sencillo: verlo y confirmar que no hay letra pequeña.
Comprar bien no es acertar con el barrio. Es no tener que corregir el piso.
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